“Cuando el remedio es peor que la enfermedad: la trampa legal en los contratos médicos que puede arruinar tu vida”
Confiamos ciegamente en que los profesionales de la salud actuarán diligentemente en nuestro tratamiento, pero ojo, porque esos interminables documentos que firmamos tan campantemente pueden esconder una trampa mortal.
Es habitual que los centros médicos incluyan en sus contratos cláusulas que te exoneran de cualquier responsabilidad si sufres daños por su evidente mala praxis. Así, aunque tu salud se vea gravemente perjudicada, desentenderse es sencillo: “Usted firmó liberándonos de culpa, no puede reclamar nada”.
Imagina someterte ilusionada a un costoso tratamiento de fertilidad con la esperanza de ser madre. Todo parece ir bien hasta que despiertas de la anestesia con un dolor insoportable. Algo ha salido terriblemente mal y tu salud peligra por la patente negligencia de tus doctores. Pero ¿importa acaso? Si total, tú renunciaste expresamente a cualquier compensación.
Este tipo de cláusulas abusivas atentan contra tus derechos y dignidad como paciente. Por mucho que hayas firmado, jamás puede interpretarse que consentiste en que dañen impunemente tu integridad.
Aunque creas haber aceptado cualquier riesgo, sólo te exponías a eventualidades razonablemente previsibles, no a que por negligencia imperdonable te provoquen perjuicios añadidos a los ya de por sí graves.
Así lo dictaminó recientemente la Suprema Corte en un caso sobre daños en un tratamiento de fertilidad. Aunque la paciente suscribió un consentimiento informado, al lesionar su salud por una administración negligente del procedimiento, la clínica debe responder legalmente.
El motivo es que nadie puede autorizar contracturalmente que se vulneren sus derechos y bienes jurídicos indispensables como la salud o la integridad física. Se consiente en asumir los riesgos inherentes al tratamiento, mas no en padecer daños adicionales por impericia de los facultativos.
Por grave que luzca el documento firmado, tu derecho a la integridad está por encima. Si ésta resulta dañada por comportamientos claramente negligentes, puedes reclamar judicialmente, tal como dictamina el artículo 1910 del Código Civil.
No firmes sin leer creyendo que son meras formalidades. Cerciórate de no rubricar cláusulas abusivas o leoninas. No permitas que nadie vulnere impunemente tu salud y vida. Tú pones el cuerpo, tú pones las condiciones para que te asistan diligentemente.
Si sufres cualquier daño por una mala praxis escandalosa, acude sin dubitaciones a los tribunales. Por muy complejo que parezca el contrato, tu integridad y derechos fundamentales siempre prevalecerán sobre cualquier letra pequeña.